Ruta por Colmenar Viejo

Hola a todos.

El miércoles 16 de octubre de 2013 tuve el placer de realizar con mi hermano una pequeña ruta por el entorno próximo a Colmenar Viejo (Madrid). Y, como se le da muy bien, le convencí para que realizase la entrada de blog. Así que, a continuación os dejo con su relato en su Blog “Diario de un caminante”: http://diario1caminante.blogspot.com.es/
En agradecimiento por su buen trabajo, le sigo haciendo un poco de publicidad de la actividad que está emprendiendo deAsesoramiento (coaching) filosófico y senderismo. Filosofía práctica. http://elcaminanteysusombra.com/
Relato realizado por Francisco Rosa, “El Caminante”:

Descargar track: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5479649

Distancia: 19 km. (circular)
Desnivel: 550 m. de subida (y otros tantos de bajada). 
Tiempo con paradas 6 h. 30 m.
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Esta ruta la realizamos mi hermano David y yo como reconocimiento para posteriormente llevar a un grupo de alumnos suyo del Instituto Rosa Chacel (Colmenar Viejo, Madrid), con la particularidad de que la realizamos en sentido inverso a como la vamos a presentar, ya que vimos que de este modo sería más llevadero, es decir, siguiendo el curso del río Manzanares hacia abajo. Esto supondrá que veremos las fotografías en orden inverso: primero las de por la tarde y luego las más tempraneras (si es que se puede considerar temprano empezar a andar a la una de la tarde).

Venga, vamos:

Saldremos del Instituto Rosa Chacel, situado en la calle de las Huertas, hacia el Paseo de la Magdalena, pero subiremos paralelos a éste por el parque de la derecha hasta la siguiente rotonda; cruzaremos entonces a la otra acera del Paseo desde donde podremos acceder a otro parque con bastante sombra, fuente, etc. Siempre es mejor caminar por tierra que por asfalto, y cuanto más apartados de los coches mejor (menos humos y menos posibilidades de ser atropellados). Por este parque llegaremos a la rotonda del helicóptero y acabaremos la cuesta arriba; a partir de aquí sera (casi) todo cuesta abajo hasta el Puente de la Marmota. Bajaremos por la calle paralela (por la izquierda) a la Carretera de Hoyo, que es la calle del Ferrobús.

¿Qué es un ferrobús? Os preguntaréis. Pues nada como ir a la Wikipedia: “No debe confundirse con Tranvía. El ferrobús, conocido también como railbús, autorriel, buscarril y coche motor liviano en el mundo hispanoparlante, es un vehículo ferroviario ultra ligero de una sola unidad o con hasta tres acoplados formando un tren, autopropulsados por motores térmicos o eléctricos, diseñado específicamente para el uso en líneas de ferrocarril de poco tráfico, y como el nombre sugiere, comparten muchos aspectos de su construcción con un autobús, por lo general con un chasis regular o modificado de autobús, con dos ejes sobre una base fija en lugar de sobre los bogies. Una característica del ferrobús es que la cabina de conducción está integrada en el propio coche sin ningún tipo de separación con los viajeros“.

De todos modos nosotros bajaremos andando, porque raíles tampoco hay. Y llegaremos hasta unas instalaciones que sinceramente no sabemos lo que son, ni lo que hacen dentro, pero huele fatal; puede que sea una planta de tratamiento de basuras o algo por el estilo. Para no caminar por la carretera podremos bajar hasta el cauce del arroyo de los Navarrosillos, que a esta altura va seco (posteriormente tendremos que volver a cruzarlo; ya veremos si no tenemos que arremangarnos los pantalones).

Atravesaremos otro parque cuesta arriba hasta una nueva rotonda y reguiremos paralelos a la carretera por el camino de la izquierda bordeando la urbanización hasta llegar a las vías del tren (primera de nuestras fotos). Cruzaremos las vías por la carretera y volveremos a la pista de tierra que corre paralela a la misma. Siguiendo la carretera llegaremos hasta el Río Manzanares.

Concrétamente llegaremos al Puente de El Grajal, puente que fue construido por los andalusíes entre los siglos IX y XI para formar parte del camino militar de defensa de la Marca Media (las tierras del Califato de Córdoba); dicho camino iba desde Talamanca del Jarama al Valle del Tiétar uniendo atalayas y ciudadelas. Posteriormente el puente fue reconstruido en el siglo XVIII (fuente: Wikipedia y http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2010/05/la-marca-media-el-puente-musulman-del.html).

Seguiremos río arriba por la pista de servicio y al poco llegaremos a la Presa de El Grajal, construida en 1908 para dar servicio eléctrico a Madrid, con la curiosidad de que fue Colmenar Viejo la población que antes se benefició de esta obra, es decir, que Colmenar tuvo electricidad antes que Madrid. Os dejamos unas fotos hechas en la ruta de reconocimiento y un vídeo muy interesante sobre la historia de la presa.

Volveremos sobre nuestros pasos hasta el puente y cruzaremos la carretera para continuar río abajo por la pista de servicio del canal; bajo nuestros pies tendremos una canalización de agua que surte a Madrid desde el embalse de Santillana en Manzanares. A nuestra derecha, al otro lado del río, podremos observar unas importantes fracturas en las rocas, algunas con varios metros de separación; podrían ser pequeñas fallas.

También observaremos dos molinos de agua a medio reconstruir. Y es que, no lo hemos dicho, esta ruta se denomina “Molinos y batanes de Colmenar”. Antiguamente el agua del Manzanares era utilizada como fuerza motriz para moler los cereales y para batanear las telas (compactarlas). De hecho la construcción de la presa de El Grajal tuvo sus mayores opositores entre los propietarios de molinos y batanes, pensaban que se quedarían sin agua para mover sus máquinas, pero al final lo que acabó con ellos fue la marcha del progreso, la competencia de industrias con máquinas eléctricas… Lo cual les daba la razón a dichos propietarios, pues a la postre fueron las empresas hidroeléctricas las que contribuyeron a su declive, aunque por otros derroteros.

El camino discurre a cierta altura sobre el río, el cual sólo se deja ver en algunos momentos, pues suele esconderse bajo los árboles y arbustos del bosque de galería, caracterizado sobre todo en este tramo por los sauces. Pasaremos también bajo imponentes roqueros de granito que obligaron a los ingenieros a construir una terraza para la conducción hidráulica.

Parte de todo esto nos lo contaron un par de agentes forestales que nos encontramos cuando hicimos la ruta; estaban de vigilancia anti-incendios aunque también deberían intervenir ante la presencia de vehículos motorizados, cazadores, etc. Siempre es interesante escuchar lo que otra persona pueda contarte acerca de su trabajo o, en general, de lo que sabe. El otro día, por ejemplo, el más joven de los dos agentes nos aleccionó sobre el concepto de “contaminación acústica”: “la gente suele pensar que la contaminación acústica es una cosa así como molesta pero sin grandes repercusiones, es decir, que sí, que nos molesta el ruido en el campo porque no se puede escuchar a los pajaritos o el ruido del arroyo; sin embargo lo peor no es eso: el ruido tiene grandes repercusiones; yo he visto perderse varias puestas de huevos de búho real debido a que bajo las ramas pasaban motos de cross; el ruido espantaba al búho y las urracas, más acostumbradas al ruido, se comían los huevos”. Nos explicaron varias cosas sobre los molinos, la presa, la conducción de agua, etc… “Ya veis, somos agentes forestales, pero nuestra vocación frustrada es ser guías de turismo”, nos comentaron entre risas.

También fueron ellos los que nos comentaron pasar por los “Cantos Coloraos”, otro roquero que hace de espolón sobre el Manzanares y que tiene una curiosa ventana formada por tres rocas. Posteriormente volveremos a la canalización y bajaremos hasta la desembocadura del Arroyo de los Navarrosillos.

En las fotos siguientes tenemos también un ejemplar de Mantis religiosa a la cual casi piso, fue David el que se dio cuenta.

Esperemos no tener que cruzar el Navarrosillos descalzos, más que nada porque el agua que baja de ahí es la que sale de la depuradora de Colmenar (cerca de la cual pasaremos al final), es decir, que sin ser estrictamente aguas fecales lo son en su origen, ya veréis cómo huele, ya. Nosotros por nuestra parte no tuvimos ningún problema al cruzarlo, no venía crecido y había varias piedras en las que pisar.

Y después de bajar… Toca subir de nuevo… Unos 70 m., ¿alguien dijo que esto sería un camino de rosas? Puede serlo en primavera, pero las rosas también crecen en las cuestas arriba; rosales silvestres, por supuesto. Alcanzaremos la cota de los 800 m. de altitud y caminaremos en horizontal hasta llegar a la Mina de San Marcelino, antigua explotación de cobre y, atención, ¡MUY PELIGROSA! pues existen bloques inestables que se nos pueden venir encima y al fondo el aire está muy viciado. Ignorante de mí, cuando estuvimos por allí me calcé el frontal y me adentré unos 12 m. hasta encima del montículo (¿qué montículo? Pinchad en esta web: http://speleominas.blogspot.com.es/2012/07/la-mina-de-cobre-san-marcelino.html)

Tras la mina toca de nuevo subir un poco hasta las inmediaciones del alto de Peñalvento y luego Las Carrizosas, dos colinas, desde donde puede observarse perfectamente el bosque de galería del Río Manzanares, un bosque cuya forma es, precisamente la del río. Si nos situásemos en una canoa (si fuera posible) o si fuéramos tan pequeños que pudiésemos navegar en una hoja, sólo observaríamos un túnel verde; en pocas ocasiones veríamos el cielo.

Después, bajaremos de las colinas hasta el río y nos encontraremos con las ruinas de otro molino justo en medio del camino. De hecho en esta ruta, a pesar de su denominación (molinos y batanes), y aunque existen unos XXX, solo visitaremos éste, pues para ver los demás hay que adentrarse en los zarzales del río.

Tras el molino avanzaremos por la ribera del río hasta que el camino empieza a ganar altura, pues debemos salvar otro espolón de rocas sobre el río. Nuestro camino va a parar a la pista que baja desde Colmenar por el otro lado de las colinas, pista que sigue el trazado del Cordel de la Marmota (para saber más sobre cordeles y otras vías pecuarias: http://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADa_pecuaria). Una vez en el cordel bajaremos de nuevo hacia el río.

Como David y yo hicimos el camino a la inversa subíamos por el cordel buscando la desviación hacia la izquierda. En un momento determinado nos encontramos con una brillante lata de atún y empezamos a despotricar sobre lo guarra o descuidada que es la gente: cuando uno va al campo no debería dejar nada de lo que lleva especialmente nada que no sea orgánico, e incluso hay teorías sobre los posibles inconvenientes de desechos orgánicos como las mondas de frutas, pues pueden llevar productos químicos que impacten en el microhábitat de donde caigan; además debemos recordar que un resto puede ser bio-degradable, pero también bio-desagradable (para los que vengan detrás). Y en estas disquisiciones seguimos hasta que nos dimos cuenta de que nos habíamos pasado la desviación. Pero en vez de volver hacia atrás a buscarla decidimos tomar una senda que suponíamos nos llevaría al camino. Y efectivamente, así hicimos. Mas una vez en el camino nos picó la curiosidad de ver desde dónde salía y cómo nos lo habíamos pasado. Así que volvimos hacia atrás unos 600 m., hasta el cordel.

¿Y en qué punto exacto del cordel estaba la desviación? Exactamente donde la lata de atún, sólo que la lata estaba a la derecha del camino y la desviación a la izquierda. Alguien con muy mala idea la habría debido poner ahí para confundir a los transeúntes. Indignado todavía más con la lata y con su dueño, me di a la tarea de construir un hito en el punto de la desviación.

Previamente a todo esto habíamos estado en la ribera del río buscando el primero de los molinos, pero la vegetación estaba muy cerrada y lo único reseñable que pudimos encontrar fue unos ejemplares de Datura stramonium (Ver comentarios en este artículo http://zanjasprofundas.blogspot.com.es/2012/09/estramonium-escurialensis.html)

Y, como decíamos, por el cordel hacia abajo llegaremos al río. Bueno, exactamente llegaremos al Puente de la Marmota, puente construido en el siglo XVIII durante el reinado de Fernando VI para dar servicio a la vigilancia del perímetro de El Pardo que por aquella época fue cerrado para dejarlo como coto de caza real (fuente: http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2011/10/el-puente-de-la-marmota.html). Impresiona la altura del mismo.

Una vez visitado el puente debemos volver por el cordel hacia atrás, hasta encontrar un camino que sale a la derecha y que nos permite ganar altura hasta encontrar la valla de El Pardo. Desde este punto ya vemos el embalse y la ciudad de Madrid al fondo, pero las vistas son más impresionantes desde el Alto de la Marmota, al cual subiremos siguiendo una senda que encontraremos a la izquierda, tras recorrer unos cien metros al lado de la valla.

A parte de las vistas hacia el sur, hacia el norte podemos observar toda la Cuerda Larga, desde Guarramillas (Bola del Mundo) hasta Cuatro Calles (Puerto de la Morcuera). También veremos unas construcciones a medio terminar cerca del alto. Lo curioso del nombre de este cerro y del puente es que en España no existen marmotas (salvo las que se han introducido en los Pirineos procedentes de Francia; en septiembre vi varias cerca del Monte Perdido). Al parecer dicho nombre es una corrupción lingüística de Mamotar, antiguo sinónimo de mama (teta, ubre).

Desde el alto volveremos hacia el norte por una pista que nos llevará de nuevo hasta el cordel y por éste hasta Colmenar dejando a nuestros lados tierras dedicadas a pastos. Justo antes de entrar al polígono industrial nos encontraremos con la Depuradora de los Navarrosillos, lugar donde se filtran las aguas residuales de Colmenar y que, a la postre van a dar al Manzanares.

Después ya sólo nos queda atravesar el polígono y volver al instituto.

Bueno, espero que haya sido de vuestro agrado. Yo no habría relatado el itinerario de forma tan detallada para que otras personas puedan reproducir el recorrido.

Lo dicho, agradecido chaval.

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