“Creí que era una aventura…”

Hola a todos. 

“Creí que era una aventura y en realidad era la vida.” (Joseph Conrad)

Esta es la frase que aparece en el “cuaderno de viaje” que le dan a cada expedicionario de la Ruta Quetzal para poder plasmar sus reflexiones, apuntes, diario, etc.

Está claro que realizar un viaje de forma voluntaria se suele considerar una “aventura”. Pero luego, durante el trascurso de dicha “aventura o viaje”, pasamos por momentos de euforia positiva y de bajones desesperantes, de penas y glorias, de sucesos bonitos y enriquecedores a sucesos olvidables, en principio, tras una evaluación rápida e inmediata del evento olvidable, porque pasado el tiempo te sueles hasta reír.

Lo que no suele ser habitual es ver como una aventura el abordaje de cualquier objetivo en la vida (estudios, trabajo, relaciones sociales, familia, deportivos, experiencias, etc.). Pero, si al concepto “aventura” le damos connotaciones positivas (aunque salgan cosas mal), lo lógico sería aplicárselo a cualquier objetivo que tengamos en la vida. Por ejemplo, como crear una familia, sacar el Bachillerato, aprobar la Selectividad, sacar una Oposición, superar alguna prueba deportiva, conseguir un determinado trabajo, etc.

El otro día me puse un objetivo ciclista, una aventura más para incluir en mis experiencias (sabiendo que soy un simple aficionado a este deporte).
Objetivo: “Bola del Mundo 2013″ (135 km con un buen puerto de montaña, Navacerrada, enlazando con otro puertecillo, La Bola del Mundo):

¿Cómo acabó mi aventura?

Cansado, dolorido, quemado, deshidratado, hambriento, y… SATISFECHO. Pero, ¡qué suerte que me salió todo bien! Bueno, la bici no falló, yo no fallé con la bici, ningún conductor falló, la meteorología no me falló, el entrenamiento no me falló, etc. Son tantas cosas… ¡qué aventura!

También es cierto que me gusta quedarme con otra frase:


“La suerte favorece sólo a la mente preparada”. (Isaac Asimov)

Supongo que Asimov se refiere a que, en realidad, la “suerte” sería la mayor o menor probabilidad de que las cosas vayan bien o mal en función de las decisiones previas que se toman a la hora de afrontar tu objetivo (para el ejemplo ciclista serían las decisiones sobre el entrenamiento, la vestimenta, la alimentación, el mantenimiento de la bici, la elección del día, la previsión del tiempo, la concentración, el aviso adecuado a los demás usuarios de la carretera, etc.).

Moraleja:

Elije tu objetivo-aventura con cabeza, lo analizas, te preparas, diseñas su abordaje, pides las ayudas necesarias y te pones en serio a ello (paso a paso). Por supuesto ayuda mucho la experiencia, el estudio e investigación previa sobre tu objetivo, es decir, la “mente preparada” hacia dicho objetivo-aventura. Bueno, en realidad es utilizar el método científico para la resolución de un problema (tu objetivo).

Mis siguientes aventuras serán subir el Angliru (un puertecillo), acabar el Doctorado, …

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