Copiado del blog “La bibliotecaria” de Pilar Durán
El día 18 de diciembre el grupo de alumnos de 2º ESO E, acompañados por Nortan y por mí (Pilar Durán), fuimos a la Residencia de ancianos como parte de nuestra colaboración en el Proyecto Comenius sobre literatura de tradición oral.
En efecto, ése era el punto de partida. Todos ellos, pertrechados de grabadoras, fotocopias, móviles (sí, por primera vez para ellos era obligatorio el uso de móvil en una actividad) y un kilo de bombones, iniciamos nuestra excursión hacia la Residencia.
Allí nos recibieron Nares y Ángel, con los que ya llevamos unos años de relación y de ayuda incondicional por su parte, para todos los proyectos que se nos ocurren, y que, como siempre, nos recibieron con los brazos abiertos.
Ángel les explicó a los chicos (especialmente atentos) qué era la Residencia y quiénes eran los residentes con los que íbamos a pasar la mañana. Los chicos, algo nerviosos ya, estaban deseando bajar al encuentro tan esperado. En la sala estaba Sara, la psicóloga, con un grupo de residentes. Los chicos enseguida se organizaron y formamos cinco grupos de trabajo.
Los alumnos en pleno trabajo
La actitud y el comportamiento y educación de los chicos fue inmejorable. Sus sonrisas, su paciencia al escuchar lo que los mayores les contaban (a veces tres y cuatro veces), las amables respuestas a todo lo que a ellos se les preguntaba… hizo que la literatura de tradición oral pasara a un segundo plano para que el objetivo fuera hacer sentir algo más jóvenes a los residentes y pasar todos una entrañable mañana que, seguro, ninguno olvidará.

Ana y Pozo escuchan historias de la Guerra Civil
No sé en este momento si hemos recogido o no mucha literatura, pero lo que sí es seguro es que hemos aprendido mucho de las relaciones humanas, del respeto, de la colaboración. Los chicos querían hacerse fotos con los residentes, todos querían un recuerdo del encuentro. Y todos prometieron volver en primavera.
Insistieron en cantarle a voz en grito (para que lo oyese bien) el cumpleaños feliz a Mauro, que se emocionó mucho (al igual que alguna de las chicas que había estado con él). Nos cantaron un villancico a nosotros y nos hicimos la foto de grupo como remate de una visita que ninguno olvidaremos.

Mauro, el homenajeado, con su grupo de trabajo

Para completar la mañana, nos dimos un paseo por el centro de Colmenar, mientras charlábamos sobre todo lo que habíamos hecho en la Residencia. Después, de vuelta en el Instituto, estuvimos usando nuestros móviles el resto de la clase de Lengua.

Fue un día estupendo, y ese era el mejor regalo de cumpleaños que podíais hacerme. Gracias, chicos.